
RAICES DEL MÉTODO
YOGA DE LA OSCURIDAD
“Cuando no sigues la luz de los sentidos, la luz de la conciencia se revela por sí misma”
Padmasambhava
Los retiros en completa oscuridad son el futuro de la transformación interior, pero también forman parte del pasado y de las llamadas tradiciones contemplativas. Las más importantes culturas místico-espirituales realizaban esta práctica para alcanzar la sanación y la iluminación, documentada desde el siglo el siglo VI a.C.:
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Los pitagóricos en la isla de Samos (Grecia)
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Los egipcios en las cámaras de las pirámides y templos
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Los budistas tibetanos (Bön y Dzogchén) en el Tibet
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Los taoistas en la antigua China
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Místicos de oriente como Moisés y Mahoma
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Indígenas como los Kogui (Colombia)
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Pueblos mesoamericanos en pirámides como Teotihuacán (México) y Chavín de Huantar (Perú)
Todos ellos tenían en común buscar en la oscuridad la luminosidad de la mente y los estados de conciencia no-dual. Perseguían, tras varios días de tinieblas, el surgimiento de visiones internas espontáneas que reflejen la luz interna de la conciencia. A ello se llamó «yoga de la oscuridad» (yangti), práctica esencial como parte de la “alquimia interna”, buscando activar la energía esencial y el despertar del ser superior en uno. Para todas estas culturas, la oscuridad no tenía un sentido negativo, sino que, al contrario, ella ayudaba a “desmantelar” las distracciones y las mentiras del ego, confrontando al individuo con su propia esencia. Su prolongación ayudaba a la secreción de esencias internas que inducen claridad mental, longevidad, e incluso a la trascendencia, promoviendo un renacimiento psicológico y espiritual.
“En la cueva oscura donde no entra el sol, la mente aprende a brillar sin apoyo"
Milarepa